
Tita, tita, mi hermanita y la "gorda Gladys", mi mami.
. ©REM en 15 Gatos. Granada. (Grabación micro ambiente a la guitarra que construyó, y ya vendió por suerte, Michael Kharash)
He querido contactarte, hablar contigo, pasar un buen rato como siempre, pero entiendo…, lo sé, no es que no quieras, que me estés evitando. Sé, aunque creas que soy un atrevido, en cierta medida, un desconsiderado y porqué no, también algo creído en apariencia, que puedo ponerme en tu lugar, pasar por lo que crees una mala jugada, otro golpe bajo.
No son nada sensatos, me decía el otro día un amigo (muy tuyo también), pero son cosas que… (y no estoy muy de acuerdo con él en esta parte) no están en nuestras manos, como que no tienen remedio. Siempre he creído que sí, se puede, que hay que intentarlo cada vez, sobre todo mucho más hoy día. Sí, sí, eso… echarle un par de ovarios.
Sólo quería que te pusieras al teléfono y así contarte como saqué el otro día una situación muy crítica adelante, mejorada. Resulta que tenía que proyectar una película de cuatro horas de duración y no había forma de que me cupiese en una de las bobinas más grandes que hay en la cabina de la filmo. No lo tengo muy claro (Julio sí sabría cuánto cabe…), pero creo que entran unos cinco mil metros, tres horas y un poco, pero he ahí el problema, tenía o que, hacer un intermedio (cosa, en este caso, impensable y no concebida por el director, según pude documentarme), o colocar la otra parte, de más de media hora, en una bobina mediana y dado el momento sincronizar los dos proyectores… como antaño. Así hice finalmente, lo que nunca había experimentado en este oficio maravilloso que he aprendido por carambola y gracias al Gran Arquitecto. Sí, señor… y a Julio.
Estuve todo el día, desde muy temprano, a eso de las doce de la mañana, intentando calibrar el proyector uno, el que siempre parece han utilizado aquí desde la inauguración de esta sala y que yo he dejado en segundo plano dado su estado… No tenía que haber esperado a este momento para hacerlo, lo sé. Para colmo, una vez que creí ajustar bien el rectificador (que por cierto está invertido (en colocación y en una habitación debajo de la cabina, a la que hasta el otro día no tenía acceso…), descubrí que la cédula del módulo de sonido estaba sucia, manchada por aceite (que alguien en otra circunstancia puso en exceso en el… proyector) Nada, belleza, ya casi a las tres de la tarde había hecho un pase de la primera parte más grande, comprobándolo todo, pero no viendo nunca (aunque sí en la exhibición definitiva, increíble cómo funciona el cerebro…), las marcas en pantalla que ayudan al cambio y sincronía de rollo en rollo…, pues le hice unas temporales para poder guiarme y conseguirlo, casi al concluir el rollo nueve. Paré un rato, me fui a un árabe, me pedí un completo que acompañé con dos cervezas sin… y volví a intentarlo seguidamente (creí que me había caído mal “el almuerzo”, sentí cierta flojera de… estómago) La primera vez, y única, que hice “el empalme” a tiempo real, la sincronía, “el rock and roll” no fue perfecto, pero funcionaba de maravilla todo… Limpié hasta donde podía el módulo de la excitadora de sonido con unos bastoncitos que compré en el Dani, intentando restarle importancia al hallazgo del otro día: el escape, las chimeneas de cada proyector, sus conductos no dan a otro sitio que al falso techo de la cabina, qué te parece. Pues que yo me lo trago todo, como siempre… Tengo que buscarme la vida con los catch adulterados, las ventanillas de formatos imprecisos.
Cómo ya sé que te estoy aburriendo y que no te enteras mucho con tantos tecnicismos poco ortodoxos, concluiré contándote, sin divagar más, que a la mañana siguiente de haberme aventurado a lo desconocido (vaya operador de cabina de pacotilla…) y haber salido más que airoso del reto (sin que nadie aplaudiera en sala, por cierto, sólo Rem y el Misha me felicitaron entre la media luz y el pase de créditos) salí corriendo a llamar a Julio Álvarez para contarle mi batallita, que había estado pensando todo el rato en él, en Antonio, en las hazañas de los míticos y experimentados operadores de cabina de los años dorados de esta profesión admirable y tan de respeto, desconocida. Y él tan amable y sabio como siempre me dijo: “Raúl, esa misma ilusión que ahora me trasmites era la que yo sentía día a día cuando tenía que hacer algo así, pero con solo una maquina, un proyector…” “Me asomaba y veía tanta gente en la sala y pensaba, me preguntaba, Dios, lo haré bien esta vez…”
Es una pena, lo digo muy en serio, siempre me pasa lo mismo cada vez que escucho al maestro Julio contar sus aventuras, sin ser vanidoso ni mucho menos ir de entendido, erudito… (sorprendido de los flashazos de su memoria) Tendría que haber grabado (grabar siempre) todo lo que me contó tan fluidamente en casi cuarenta y cinco minutos de charla telefónica agradable. “No lo patentes…, úsalo en tu beneficio…” Le aconsejó un conocido una vez y estaba en lo cierto, siempre hay más de un oportunista en el camino, un parásito asechando.
Volviendo a lo nuestro, “traidora, rapera”, espero que podamos vernos pronto cuando llegue la Su, y echar una tarde- noche de esas con vistas a la colina iluminada, mientras le das el pecho a la nena y el “Lumpen” les observa desprotegido, enamorado. Te quiero, te queremos mucho y a tus papis también (y mucho más si se encargan de sacar al de las pelotas amarillas…), eso que quede claro.

















